
Espejos convexos panorámicos para estacionamientos, rampas, patios de maniobra y salidas de garaje. En 45, 60, 80 y 100 cm, con o sin quitasol.
El espejo convexo para estacionamiento es el que se instala en los puntos donde un conductor no puede ver lo que viene: la salida a la vereda, el giro entre columnas, la rampa que conecta dos niveles. No es un accesorio decorativo: es lo que convierte una esquina ciega en una esquina con visibilidad, y lo que evita el roce entre dos vehículos que maniobran al mismo tiempo en un espacio estrecho.
La superficie curva devuelve un campo de visión amplio, así que desde un solo punto se ve el cruce completo. En Global Rubber Corporation son de policarbonato de alta resistencia, con marco rojo de alta visibilidad, en cuatro diámetros —45, 60, 80 y 100 cm— y en dos modelos: Convex1 con quitasol para intemperie y Convex2 sin quitasol para bajo techo.

El error más caro no es comprar pocos espejos: es ponerlos donde no hay punto ciego y dejar sin cubrir el que sí lo tiene. Esta es la lectura punto por punto de un estacionamiento típico.
| Punto | Qué hay que ver | Diámetro | Modelo |
| Salida a la vía pública | Peatones y vehículos que vienen por la vereda y la calzada | 80 cm | Con quitasol si está descubierta |
| Rampa entre niveles | El vehículo que sube mientras otro baja | 60 a 80 cm | Sin quitasol si es cerrada |
| Giro ciego entre columnas | Lo que viene por el pasillo transversal | 60 cm | Sin quitasol |
| Patio de maniobra o zona de carga | El camión que retrocede y el personal de piso | 80 a 100 cm | Con quitasol |
| Pasillo interior de sótano | Cruce de dos pasillos sin visibilidad | 60 cm | Sin quitasol |
| Entrada desde la calle | El vehículo que sale mientras otro entra | 80 cm | Con quitasol si está a la intemperie |
En una casa, un edificio o un condominio el problema se concentra en un solo punto: el momento en que el auto cruza del garaje a la vereda. El conductor sale de un espacio cerrado, con el muro del vecino a un costado, y el peatón aparece cuando ya está encima. Un espejo colocado en la pared de enfrente o en el poste de la vereda resuelve exactamente eso: permite ver el tramo de vereda que el muro tapa antes de asomar el capó.
Para una salida de garaje domiciliaria la medida habitual es de 60 cm si la calle es angosta y el espejo queda cerca, y de 80 cm si está al otro lado de una calle ancha. Como casi siempre va a la intemperie, corresponde el modelo con quitasol.
No hay un número por metro cuadrado: la cuenta se hace recorriendo el estacionamiento y parando en cada punto donde un conductor tenga que asomar el vehículo para ver. Cada uno de esos puntos es un espejo. En una playa de un solo nivel suelen ser la entrada, la salida y uno o dos giros internos; en un sótano de varios niveles se suma un espejo por rampa. Conviene hacer el recorrido con alguien caminando por el punto de peligro: lo que no se ve caminando, tampoco se ve manejando.
El quitasol es la visera que se monta sobre el espejo. En los niveles descubiertos y en la salida a la calle cumple dos funciones que se notan el primer día: evita que el sol rasante convierta el espejo en un destello y protege la superficie de la lluvia. En sótanos y pasillos techados no hace falta, y el modelo sin quitasol cumple igual.

Un espejo bien elegido y mal montado no sirve. Los tres fallos que más se repiten en playas de estacionamiento: colgarlo a una altura que queda tapada por la camioneta estacionada al lado, orientarlo hacia el piso en lugar de hacia el punto ciego, y fijarlo a un poste que vibra, que devuelve una imagen temblorosa. Antes de ajustar el soporte conviene que alguien se pare en el punto de peligro y el instalador confirme, desde la posición del conductor, que lo ve entero.
El espejo resuelve la visibilidad, no el impacto. En los puntos que cubre suelen ir también topellantas de caucho para marcar el límite de cada plaza, protectores de columna en los giros estrechos y rompemuelles en las rampas, para que el vehículo llegue lento al punto donde hay que mirar.

Los espejos se entregan con los accesorios para montarlos en pared o en poste. El soporte permite girar el espejo en dos ejes para ajustar el ángulo al punto ciego real. En playas de estacionamiento lo más común es el poste, porque rara vez hay un muro justo donde se necesita el ángulo; en sótanos suele haber columna o viga a la mano, que además no vibra.
La regla corta: cuanto más lejos esté el conductor del espejo, más grande tiene que ser. Para pasillos, rampas cortas y giros interiores, el espejo convexo de 60 cm. Para salidas a la calle, patios de maniobra y niveles descubiertos, el espejo convexo de 80 cm. Las cuatro medidas y los dos modelos están en la ficha de espejos convexos panorámicos.
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Uno convexo, montado en la pared de enfrente o en un poste de la vereda, orientado al tramo que tapa el muro. De 60 cm si la calle es angosta y de 80 cm si es ancha. Con quitasol, porque casi siempre va a la intemperie.
Uno por cada punto donde el conductor tenga que asomar el vehículo para ver. Típicamente entrada, salida, cada rampa y los giros internos sin visibilidad.
Sí. Son de policarbonato y resisten sol y lluvia; para intemperie conviene el modelo con quitasol.
Sí, los accesorios incluidos permiten montaje en poste o en pared.
Por encima de la altura de los vehículos que circulan o estacionan cerca, para que ninguno lo tape justo cuando hace falta mirar.
Sí. Espejo convexo, panorámico, ojo de pez y de seguridad son nombres del mismo producto.
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